No es momento de que el Estado se retire de la lucha contra el cambio climático

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Jordan Harris, Director Nacional de Adapt Chile, hace un llamado a insistir y trabajar por la descarbonización de la matriz energética y la justicia ambiental en la distribución de los recursos para apoyar la adaptación local.

El cambio climático se ha reconocido como el mayor desafío planetario de hoy en día y tanto sus causas como sus consecuencias hablan de una necesidad imperante de cambios radicales en la forma de organizar la sociedad, las instituciones públicas y privadas, y fundamentalmente en las ideas fuerza que rigen sobre la economía y el papel del estado en relación con el desarrollo de los países. La descarbonización de la sociedad y la economía, como respuesta necesaria a las causas del cambio climático, requiere de una nueva visión de desarrollo capaz de premiar aquellas actividades que forjan senderos de desarrollo bajo en carbono, junto con castigar aquellas que reproducen la dependencia en fuentes de contaminación y emisiones de gases de efecto invernadero. Adicionalmente, se ha demostrado que los impactos que genera el cambio climático superan las capacidades que tienen los servicios públicos y privados para responder, por lo que se requieren de manera urgente inversiones tanto públicas como privadas para resguardar las comunidades, la infraestructura crítica y los servicios ecosistémicos de que dependemos.

En Chile, instrumentos como el impuesto verde y la intención de eliminar centrales termoeléctricas representan un primer paso hacia la descarbonización. Aún así, los fondos recaudados se pierden en la caja negra de los fondos fiscales, en vez de destinarse a reinversión en las comunidades locales más afectadas por la contaminación, o en obras de adaptación que ayuden a estas localidades aumentar su resiliencia ante el cambio climático. Es hora que en Chile se reconozca la necesidad de que el Estado impulse un liderazgo claro y decisivo al tipo de desarrollo que nos llevará a un futuro de bajas emisiones y mayor resiliencia, dando señales claras respecto a buenas y malas prácticas, incentivando los sectores que proveen soluciones reales a los problemas igualmente reales que enfrenta el país en términos de seguridad hídrica, energética, y prevención y gestión del riesgo de desastres, salud humana, protección de ecosistemas vitales, entre otros. No es momento para que el Estado se retire de las grandes tareas que nos quedan por delante. La inversión para respuestas a los múltiples desafíos que enfrenten el país es necesaria; es el papel del Estado asegurar que se destinen recursos, mostrando donde invertir para hacer el camino, y donde cortar el camino que nos lleva hacia el precipicio.