Policy Brief N°5: Disminución de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero a través de la Gestión Integrada de Residuos Sólidos Municipales

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En Chile existe una gran incoherencia respecto a la gestión de RSM. Existen ocho instrumentos legales distintos que determinan responsabilidades en la gestión de residuos. Mientras que los ministerios de salud y de medio ambiente (y sus respectivas SEREMIAs) están a cargo de velar por el cumplimiento de la normativa, las municipalidades tienen la responsabilidad de gestionar los RSM (CONAMA, 2010; Vásquez, 2011). Según señala la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades, los municipios son responsables por la recolección, transporte y disposición final de todos los RSM generados en sus territorios.

Sin embargo, no existe ninguna institucionalidad ni marco legal para ordenar la coordinación, regulación, jerarquización o control entre estos distintos actores, ni indicación de cómo las políticas del estado deben alinearse con los elementos político- económicos o administrativos de la gestión municipal (Vásquez, 2011). Según la Política de Gestión Integral de Residuos Sólidos (CONAMA, 2005), en la ausencia de cualquier marco legal- institucional para la gestión de residuos, tradicionalmente en Chile el enfoque ha estado en la habilitación de sitios legales de disposición final (rellenos sanitarios) para recibir los crecientes volúmenes de residuos sólidos, reflejo del crecimiento económico experimentado por el país en las últimas décadas, sin contar con un esfuerzo coordinado que apunte a la reducción en la generación de desechos, su reutilización y/o reciclaje (las llamada “3 R’s”).

Según la última información disponible, en 2009 la Región Metropolitana de Santiago generó un total de aproximadamente 2.8 millones de toneladas de RSM, representando un aumento de 6% desde el año 2006 (CONAMA, 2010). En términos de generación per cápita, esto ha aumentado en un 45% durante las últimas décadas, alcanzando más de 1,2 kg por persona por día en 2007, siendo comparable con los países más desarrollados (González, 2011). Del conjunto de los RSM generados, aproximadamente 50% es materia orgánica, y un 86% es depositado en uno de los tres rellenos sanitarios ubicados en la capital (González, 2011; Szantó, 2006). El gas metano es uno de los GEI más potentes en la tierra, siendo 20 veces más potente que el CO2. Una de las principales fuentes de gas metano son los rellenos sanitarios, debido a la descomposición anaeróbica de la materia orgánica depositada en ellos.

En la RMS, entre 2001-2007 se emitía un promedio de 1.5 millones de toneladas de GEI anualmente desde los rellenos sanitarios, representando lejos el mayor aporte a las emisiones de GEI asociados con la gestión de residuos (González, 2011). En el mismo periodo, se evitaba la emisión de aproximadamente 500 toneladas por año en promedio, debido al reciclaje de materia inorgánica que reemplazaba el uso de materia prima en procesos productivos, a pesar de bajos niveles de reciclaje total, que en 2009 alcanzaba un 14% (González, 2011).

A pesar de la existencia de distintos programas aislados de reciclaje en ciertas comunas, incluyendo a casos notables como lo de la Municipalidad de La Pintana, y también el desarrollo de programas como Santiago Recicla, que cuenta con la participación de 43 municipalidades de la RMS, con una gran potencialidad de aumentar las tasas de reciclaje de materia no-orgánica, se hace necesario integrar la separación en origen de materia orgánica y no-orgánica como una medida prioritaria en los programas tanto de índole comunal como regional. Además, se requiere que tales programas sean acompañados por mejoras en la infraestructura disponible para acoger y procesar las materias orgánicas y reciclables,  transferencia  tecnológica,  y  mayor  coordinación   e integración entre municipios, que también incluya a las asociaciones de recolectores informales.